martes, 4 de julio de 2017

El paso de cuna a cama de Fajito (first round)

Los meses van pasando y el medio año de Hijo3 coincidió con la ola de calor. Él ya empieza a estar grandecito para seguir durmiendo en la minicuna; además allí dentro no circula mucho el aure y todos los días se despertaba muy sudado. 

Así que, tomamos una decisión: había que pasarle a la cuna grande donde ya dormía alguna siesta y estaba encantado porque tenía más espacio y algo de brisa. El inconveniente es que Fajito seguía durmiendo en la cuna pero yo lo vi claro: lo pasamos a la cama.

Él es de buen dormir:

El arte del dormir

Y, por ello, yo supuse que sería facilísimo. 21 meses de dormirse en cualquier lugar y circunstancia dan mucha experiencia.

Junto a la cuna, está la cama de invitados que se abre en versión doble y allí él dormiría estupendamente. La abrimos, colocamos a Adrià en la cuna y acostamos a Manel. Al primer intento, el mediano despertó al pequeño tirándole objetos dentro de la cuna.

Nuestra siguiente estrategia fue dormir con él, yo me acostaba a su lado. Saltaba por encima de mí y se iba. Acababa durmiéndose en el sofá de aburrimiento.

También hemos dormido a Manel en su cuna y lo desplazamos ya dormido a la cama; al mismo tiempo, está la cuna de viaje desplegada en el dormitorio de matrimonio y, entonces, lo movemos también a la otra cuna. Incluso llevamos dos noches con el inicio inverso: es Manel quien se duerme en la cuna de viaje y se lo mueve desde allí a la cama antes de acostarnos los adultos.

Después, elPapá o yo dormimos junto a ellos en una habitación-trinchera llena de objetos inverosímiles para saltar a calmar al que se despierte para que el otro no le imite.

Anoche, pensé que le haría la misma rutina que a Carmen: cuento antes de dormir y biberón. Ella se durmió estupendamente, él pareció quedarse en la cama de mayor, pero pasados unos minutos apareció por el salón con un cuento bajo el brazo gritando "¡Nana!" (Rana, hay que quererle y entenderle). Volvió a la cuna de viaje con el cuento y un disgusto.

Una vez se ve encerrado en esos habitáculos con barrotes, se estira y se duerme sin queja. Lo que no entiende es lo de dormir en la cama. 

Antes de acostarme ayer, lo llevé a la cama de mayores y he dormido a su lado. Esta noche ha recorrido los 160 centímetros que separan su lado del borde, me ha pasado por encima y se ha caído de la cama. 

Es la obra la que va pidiendo el material me ha dicho mi madre esta mañana, cuando le explicaba mi reflexión sobre que nos ha vencido.. Quiere decir que aún no es el momento para que él duerma en cama, que puede que sí dentro de una semana o seis meses, pero ahora no. 


¿Y Adrià? Pues no puede volver a a minicuna porque está estrecho y ya está guardada, así que vivirá en la vacacional cuna de viaje a los pies de la cama de sus padres.

Minicuna vs cuna grande


Seguiremos informando. ¿Algún consejo?

martes, 13 de junio de 2017

Seis meses contigo

Te miro dormir. Hoy cumples seis meses.



Medio año para mostrarnos tu dulzura y demostrarnos que podíamos hacerlo.

Ha habido​ momentos duros, no lo voy a negar: no me he ahogado, pero he sentido el agua al cuello muchas tardes. Llorabas y costaba establecer una rutina.

Tú nos marcabas los ritmos a tus hermanos y a mí. Lo poco que te hemos dejado, porque no has tenido tregua para ser un recién nacido. Llegaste en la vorágine navideña y has ido creciendo en un invierno con mucho parque y pocos paseos.

Sin saberlo, has sido un punto de inflexión vital, nos has permitido tener una nueva vida y sus oportunidades. También me he regalado más tiempo contigo, para aprender a vivir con calma y coger la realidad con más ganas.

Cuando todavía tenías dos meses, me di cuenta que eras una incógnita. No sabía cómo iba a ser tu carácter. Ahora te voy adivinando sensible, cariñoso y simpático. Como todos los bebés, supongo, pero tú eres el mío.

Tienes los ojos más claros que nosotros y el pelo más rubio, pero tienes hoyuelos como Manel y te pareces a Carmen a tu edad.

Tienes la nariz del abuelo y la cabeza de Papá, a ver qué pasa con tus orejas...

Perdónanos porque siempre tenemos prisa (incluso en casa), aunque te prometo que te dejaremos crecer despacio y a tu ritmo.

¿Sabes en qué tienes mucha suerte? En que tus hermanos te adoran, cuidan y divierten.


Ahora te despiertas porque te he dado un beso.


Vamos a por el día. Muchas gracias por venir a hacernos familia numerosa.


lunes, 12 de junio de 2017

San Isidro y los chulapos asturcatalanes


Érase una vez una familia compuesta por un asturiano de abuelo catalán y una catalana de padre andaluz y abuelo extremeño.

Tenían tres hijos y vivían en Madrid (tierra de nadie y de todos). Se iban adaptando y elPapá hablaba mucho de inculturarse y adoptar las costumbres y tradiciones del lugar de residencia.

Pues se iba acercando el 15 de mayo (festividad de San Isidro en ésta/nuestra ciudad) y el jueves anterior al puente, laMamá recibió un mensaje en el grupo de WhatsApp de las mamás de laMayor recordándole que al día siguiente los niños irían vestidos de chulapo/a a la escuela.

Ella no sabía nada de eso, ni dónde encontrar el traje disfraz con tan poco tiempo. Las mamás le enviaron ideas de inspiración:

La inspiración bromista de las mamis

 Ella llamó a elPapá y él contestó:

- ¡Ah sí! Y Manel, también.

Allí, la pobre mujer palideció, pero una amable mamá del grupo de WhatsApp le hizo saber que en el chino, que hay donde la rotonda del Carrefour, tenían.

Aquella tarde recogió a la niña y esperó la llegada de elPapá (que pretendía escaquearse de la expedición), pero ella fue más fuerte y toda la familia numerosa emprendió la búsqueda. Se compró lo necesario y la oriental que regentaba el local les dio caramelos para que se fuesen y Fajito dejara de ir en patinete por los pasillos mientras movía objetos inverosímiles o juguetes diversos.

La inculturación se produjo. Los niños llevaron el atuendo adecuado y participaron en las actividades propuestas en sus colegios. El vestido de la mayor era largo y lo arrastraba, pero nada puede ser perfecto.

Ella, probándose el traje

Ese precioso fin de semana, la familia se lanzó a la calle a hacer cosas típicas como ir a Ikea, hacer un picnic (no en la Pradera) donde había pintacaras y actividades deportivas, o decorar una baldosa para bailar el chotis.

Pintacaras, baldosa, patinete y picnic

Chulapo colaborador, que comparte, va en correpasillos, juega y pasa de su madre

El balance​ de su primer patrón fue inmejorable, especialmente porqué los trajes se compraron crecederos y el próximo curso no tendrán ese susto.

Y, colorín colorado, 
este cuento se ha acabado.

Si madrileño te quieres sentir,
de Pichi te tendrás que vestir.
Un chotis bailarás
y en cualquier prado comerás.

lunes, 5 de junio de 2017

5, 10 y 15 años

Me​ tengo que comprar un coche.  Como no queremos gastar mucho, hemos emprendido la búsqueda de la ganga.

El 1 de septiembre trabajaré en un colegio al que no se llega en transporte público (urbanización nueva de población al sur de Madrid).

Nos han ofrecido un coche del 2002. 15 años de motor, carrocería y ruedas. 

Es casi poético y cierra el círculo:

  • 15: Yo hace quince años, decidí que dejaba Filología hispánica para empezar Magisterio. Hice la carrera de Maestra de Primaria y estuve un curso de interina.

Como la vida son casualidades, mi hermana mayor me avisó que estaba convocada el 10 de septiembre a nomenaments, ella había ido al Departament a hacer unos papeles (es profe) y lo vio. No lo habían publicado en Internet porque estaban en el caos de implantación de la sisena hora que dio la oportunidad a miles de maestros de entrar en la rueda pública.

Llegué tarde y un poco nerviosa, me enteré de poco. Te daban una lista con centros y sustituciones, después​ iban llamando por número y la gente escogía qué quería. Quedó un centro (una escuela de adultos que no era obligatorio coger) y varias personas renunciaron. Preguntaron si alguien lo quería. 

-Yo -contesté en voz alta y me levanté. Alguien dijo que también quería después, pero ya era demasiado tarde y yo tenía un número algo mejor.

Era para 15 días y me quedé todo el curso. Aquel funcionario ya había faltado medio curso anterior y supe que también faltaba al siguiente.

Al mismo tiempo, mis tres amigas de la universidad también habían conseguido trabajo y se rumoreaba que se convocarían oposiciones: muchas plazas. Una me llamó para decirme que se iban a apuntar a una academia de opos. Me daba mucha pereza y era los viernes (cuando yo solía viajar hacia Gijón), pero accedí. Nos apuntamos tres de cuatro.

La preparadora era muy mala y los temas no estaban bien redactados, pero todo era nuevo y ya nos iba sirviendo.

  • 10: Se convocaron 2000 plazas para Primaria. Un mes antes del examen se supo que había 4000 personas inscritas. "Yo contra uno sí puedo" me dije. Y me puse a estudiar. Preparé una unidad didáctica para matemáticas de segundo de Primaria basándome en lo que les daba a mis alumnas de alfabetización.


Me encerré un mes: mañana, tarde y noche. Trabajaba, nadaba, estudiaba, me desplazaba en bicicleta y seguía estudiando. Jamás lo había hecho tan bien.

Dos días antes del examen, llamé a mi madre y estaban en Urgencias. La Yaya estaba mala. Fui esa noche y pasé la mañana siguiente, junto al Yayo en la sala de espera. Llovía y yo me llevé mis temas, pero no los leí.

El 23 de junio quedé con una de las de la Uni para ir juntas. Llegamos casi una hora antes y repasamos. Eran 28 temas y me había estudiado 21. Saldrían 4 bolas y yo debía escribir uno: nada más.

Los tres primeros que salieron fueron de los que no me sabía. La cuarta bola, sí. El tema 28, sobre las inferencias en el aprendizaje de dos lenguas al mismo tiempo (catalán y castellano). Me encantaba ese tema. Me lucí.

Salí muy contenta. Llamé a mi novio (elPapá) y a mí madre enseguida para saber de la Yaya y de mi hermana mayor (que se presentaba por Historia).

Aprobé. Saqué un 7, que se convirtió en menos nota por mi poca antigüedad, pero ya era funcionaria. Mi hermana un ocho y medio y obtuvo su plaza. Las dos de la Uni, también.

Este verano hará 10 años. Una década.

De viaje por Italia (yo), salieron publicados los centros a los que habíamos sido asignados. Me tocó Barcelona. Un centro en Nou Barris que no sabía ni ubicar. Fuimos a verlo en agosto al volver. Me pareció horrible.

"Pintan graffitis, ¡qué bien!" Me animaba Pedro.

También quedaba a desmano de todo y me compré un coche para llegar: mi Aygo.

5: Aquel colegio se convirtió en un referente para mí. Pasé allí cinco cursos. Tres en comisión de servicios. Fui muy feliz y aprendí muchísimo. Allí me convertí en una parte muy grande de la maestra que soy.

Hace cinco años que ya no trabajo allí, pero lo he seguido sintiendo muy mío. He trabajado en otros sitios muy a gusto y me he seguido completando.

Así que 15 años del cambio, 10 de aprobar la oposición y ya hace 5 años que dejé el colegio en el que me hice Maestra.

Me quedan otros 5, 10, 15, muchos más años de aventuras. ¡A por ello que yo puedo!

¿Dónde estábais hace quince, diez o cinco años? ¿Dónde os veis en los siguientes?


Por cierto: Si tenéis un coche ganga me interesa.

jueves, 1 de junio de 2017

Un mes sin Fajito


En esa dulce locura, que se convirtió nuestra vida el pasado otoño, llegó octubre y vino a verme mi madre a Gijón.

Pasó una semana larga con nosotros y me acompañó en mi vida diaria. 

Mi madre, yo creo que revive en mí algo de su experiencia vital: ella (de Barcelona) se casó con mi padre (de Granada) y se fueron a vivir allí. Tuvo dos niñas y embarazada de seis meses de la tercera, se mudaron a Tarragona. Ya con la cuarta (yo), de año y medio, llegaron a Barcelona, de dónde no se han vuelto a ir.

Pues eso. Trasladado y embarazos: una constante.

Mis hermanas mayores se llevan 14 meses, la Yaya (madre de la mía) fue para el nacimiento de la primera y pasó allí meses; antes de dar a luz, volvió otra vez y se quedó más meses. Al irse, se llevó dos meses a la mayor con ella para ayudar. Es una circunstancia conocida desde siempre, pero mi madre dice que no sabe si lo volvería a hacer. La echó mucho de menos, pero las circunstancias mandaban.

Yo, por mi parte, aprendí en la mudanza anterior que trasladarse e instalarse con hijos alrededor es un horror. Tienen hambre, sueño, insomnio, se aburren, quieren agua, tele, pis, caca, piojos...
 Así que lo tenía muy claro: los niños no iban a llegar a Madrid al mismo tiempo que las cajas, los muebles y yo. Mi primera opción era dejarlos juntos, pero las abuelas veían complicado hacerse cargo de los dos. Por lo tanto: dividimos.

Fajito en su destierro por mudanza

A Carmen la dejé en Gijón con suAbuela. Ya iba al colegio y tenía una rutina bien establecida.

LaBebé también sufrió mucho nuestra ausencia

A Manel lo mandamos a Barcelona con mis padres. Para ello se programó una operación de traslado y recogida absurda pero eficazmente ejecutada. Dejó de ir a la escuelina a final de octubre. El primer jueves de noviembre llegamos a Madrid con un amigo, allí encontramos a elPapá que aún no tenía casa y andaba viviendo en sofás diversos. 

Yo ya había coordinado con el TitoJuan que iría a Gijón a apoyar a laAbuela y entretener a la bebé ante la ausencia del resto de su familia. Fueron al cie, a los caballitos y comió helado y golosinas.

La primera noche los Puccos en Madrid dormimos la primera noche en un hostal cubano del centro y las siguientes, en Leganés.

El sábado por la mañana fuimos a conocer el piso en el que viviríamos y esa noche llegó mi madre. ElPapá volvió a un sofá porque mi madre dormía en el hotel conmigo.

Ella y yo hicimos un curso exprés de plegado y desplegado de carro para entrar y salir del AVE. Dimos una vuelta por nuestro futuro barrio madrileño y los despedimos en la estación.

Al volver a Gijón, me quedé en casa (llegué de madrugada con la casa helada) y recogí a Carmen al día siguiente en el cole, nos quedaban dos semanas solas. Le dijimos que llevábamos a Manel a conocer su colegio nuevo y que se había tenido que quedar allí con papá. Al verlo llegar el viernes, me preguntó dónde y con quién se había quedado Manel. Le contestamos que lo había recogido laÀvia.

Ella preguntaba de vez en cuando por él y yo le iba enseñando algunas de las fotos que me iban enviando.

Yo hubiera querido que lo trajesen a los pocos días de estar en Madrid, pero mi madre también​ iba a venir unos días antes del parto, por ello retrasamos la llegada de Fajito y adelantamos la de mi madre.

El día 5 volvió en AVE con mi madre. Yo lloré al verlos salir de la zona de pasajeros de Atocha. Lo había echado mucho de menos aunque sabía que había estado muy bien cuidado. 

Al poquito de llegar

En un niño de 14 meses el tiempo es muy intenso y se fue readaptando a su vida familiar. Los primeros días su referente era mi madre, pero no parecía haberse olvidado de nosotros.

El reencuentro con su hermana

Cuando mis padres volvieron a Barcelona, unos días después del nacimiento de Adrià, mi madre me agradeció que se lo hubiese dejado un tiempo. Tener un bebé en casa, hacerlo suyo, cuidarle, crear hábitos con él. Además, cuando son nietos que viven lejos.

Él no se acordará, pero fue una experiencia inolvidable.

Arrastrar una caja, ir muy abrigado y lucirse como bebé único

jueves, 18 de mayo de 2017

Ingreso en Neonatos 3 de octubre de 2015 - Meningitis vírica aséptica

Era un sábado normal, hacía Sol. Bañé a los niños por la mañana, los vestí y salí a la calle.

Me llamó mi suegra y se cruzó con nosotros, nos acompañó un ratito. Era la primera vez que yo salía sola con la niña en la plataforma, para el carro, que nos habían regalado los compis del trabajo de elPapá. Ella se bajó enseguida, pero caminaba a mi lado. Se paró frente a una tienda de caramelos y el dueño le regaló un anillo de chuche. Compramos una funda para mi móvil nuevo, él lloró. Me llamó un amigo y fuimos a buscar a elPapá.

Al día siguiente mi niño cumplía un mes. Ese sábado cumplía años laChicadelRamo.

Tomamos el vermú, yo dos (los primeros desde hacía más de un año). La niña estaba cansada, metí a Fajito en la mochila y a ella en el capazo a ver si dormía... Él estaba tranquilo. Fuimos hacia casa, venían dos amigos. Íbamos a comer lentejas. La niña se sentó en el sofá y yo me iba a sentar en un sillón y desaté al niño.

Lo noté caliente, él es cálido, pero percibí una diferencia. Fui a buscar un termómetro: 38,4 subía rápido, lo volví a poner. Lo comenté y uno de los amigos me trajo otro para que comprobara que era real. Sí, fiebre.

Un bebé menor de tres meses con fiebre es una visita a Urgencias asegurada y veloz. Nos fuimos elPapá y yo. La niña quedó con los amigos que la cuidaron muy bien y ella ya se quedó dormida en el sofá antes de que le pusieran la comida.

Llegamos al hospital, yo viajé en el asiento trasero con él. Lo envolví en una manta y entré. Rápidamente me dijeron que un niño con fiebre no se debe abrigar, pero aún tengo cosas de vieja y temí equivocarme y que me riñeran.

En triaje le volvieron a tomar la temperatura: 38,9.


Nos atendieron enseguida, lo exploraban mientras nos hacían muchas preguntas (tipo de parto, estreptococo, si la hermana estaba enferma).

Nos pasaron a un box a esperar. Vinieron varias veces a controlarlo. Nos avisaron que lo ingresarían. Le controlaron la frecuencia respiratoria, se le sacó sangre y orina.

Nos subió una celadora y nos llevó a pediatría, allí le dijeron que no, que nuestro niño iba a neonatos, misma planta, pero otra ubicación. Allí lo cogieron, pero no nos dejaron pasar. Nos dieron una bata y una taquilla.

Al poder entrar, nos explicaron que allí se iba con horario de visita. A la edad del nuestro, cada cuatro horas: a las 9, a la 1, a las 5 y a las 9 de la noche. Desde ahí, hasta el día siguiente.

Nos dijeron que podríamos ir a las 7 porque ya eran casi las seis, pero que ya después a las 9.

Bajamos a comer a la cafetería y yo salí a llamar a mi madre y lloré. Yo me iba a ir y le dejaría allí. Solo. Sin nosotros. Ella me decía que era lo mejor que podía ser porque allí lo cuidarían, pero que era comprensible mi tristeza. Estaba dejando un trozo de mí.

Al volver nos preguntaron por sus hábitos: cada cuánto comía, qué cantidad.

Nos fuimos a casa y yo volví a las 9. Pensábamos que sólo podía ir uno (y yo gané). Y sí podíamos ir
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